Me uní a Twitter en febrero de 2014. Desde entonces la red social no ha sufrido grandes cambios, pero ha crecido exponencialmente la cantidad y variedad de usuarios que la utilizan, entre ellos los cirujanos, por ello también ha aumentado su valor como complemento a nuestra formación continuada.

Si hace siete años el entretenimiento era su principal fin, en la actualidad esos límites se han superado con creces. Un ejemplo manifiesto es el de los congresos; prácticamente todos se promocionan junto con un hashtag en el que compartir lo que en ellos suceda.

No deja de resultarme irónico que aquello que durante tantos años ha sido menospreciado y calificado como un entretenimiento para adolescentes, ahora tenga cabida en las revistas científicas. ¡Incluso han aparecido números dedicados en exclusiva a las redes sociales! Otro ejemplo de que es la sociedad quien marca el ritmo de las publicaciones, y no viceversa.

La ciencia debe servir para generar conocimiento a través de su divulgación. Twitter es un lugar válido para divulgar ciencia, pero no es un sustituto de los métodos tradicionales para hacer ciencia. Ni tampoco pretende serlo.

Es evidente que está habiendo un cambio de paradigma. La cirugía ya no solo se puede compartir a través de las revistas y los congresos. Y entre la gran cantidad de nuevas alternativas que han surgido, Twitter se ha postulado como una de las opciones más atractivas.

Diariamente aquellos que la utilizamos lo apreciamos, pero si eres ajeno a la medicina 2.0 probablemente dudes de su verdadero valor. Déjame convencerte de lo contrario.

La comunidad quirúrgica

Como decía al inicio de la entrada, en los últimos años ha habido una participación creciente de toda la comunidad médica en Twitter. Probablemente enfermería ha sido el sector más implicado, pero en los últimos 2 años los cirujanos han entrado con fuerza.

En este hecho ha tenido un papel trascendental Julio Mayol, cirujano del H. Clínico San Carlos de Madrid, quien ha conseguido organizar la comunidad quirúrgica global de Twitter bajo el hashtag #SoMe4Surgery y sus respectivas subdivisiones.

Este hashtag nació el 28 de julio de 2019 y desde su creación ha acercado a los cirujanos de todo el mundo permitiendo aumentar el alcance y el impacto de sus publicaciones. Si lo escribes en el buscador tendrás acceso automático a la más radiante actualidad quirúrgica del momento. La comunidad quirúrgica online siempre ha existido, solo faltaba que alguien la uniese.

En esta red social comparten el mismo espacio todos los usuarios, desde el estudiante de medicina hasta la vanguardia quirúrgica. Me puedes encontrar a mí, iniciado en la cirugía, pero también leer las últimas publicaciones de Julio Garcia Aguilar o Steven D. Wexner, referentes en cirugía colorectal. Tener esa posibilidad de comunicación a un simple click es algo que tus profesores no hubiesen ni soñado.

La motivación de los usuarios y la genuidad de las publicaciones

Una de las virtudes que más aprecio de Twitter es la motivación que tienen los profesionales sanitarios que en ella comparten su contenido. Por lo general, en Twitter se publica de forma desinteresada, con el objetivo de divulgar conocimiento o debatir con los compañeros de profesión igual que podrías hacerlo en una sesión clínica de tu servicio.

Los tuits no tienen ese afán por engrosar el currículum que empaña el mundo de las publicaciones científicas. De este modo permiten nutrir a la comunidad de información, experiencias y opiniones relevantes, curiosas y variadas que podrían ser el equivalente online a una mesa o un foro de debate en un congreso. Una foto, un caso clínico, una imagen, una encuesta… Cualquier formato es válido y puede aportar valor a la comunidad médica, ya no solo quirúrgica.

Twitter permite ofrecer contenido que en una publicación científica no tendría cabida. Por ejemplo, ¿qué revista aceptaría un vídeo de una hernia de Amyand grabada con un móvil en vertical, sin editar, con ruido de fondo y sin un abstract asociado? Probablemente ese material acabaría perdiéndose en una memoria móvil. Sin embargo, al publicarlo en Twitter, acaba llegándome a mí, residente con escasa experiencia quirúrgica para el que ese vídeo es oro. Posiblemente no hubiese visto una hernia de Amyand a lo largo de mi carrera profesional y tal vez no se me hubiese ocurrido estudiarlas específicamente.

Soy muy consciente de que la información vertida en Twitter no pasa ningún filtro antes de ser publicada. El filtro lo pasan a posteriori los usuarios que lo leen y comparten sus opiniones. Ello implica que debemos ser cautelosos al leer y analizar todo lo que allí se comparte, pero tampoco es necesario llegar al recelo y la animadversión que demuestran algunos cirujanos senior cuando se habla de salud digital. Son los mismos que leían en papel y ahora no se desprenden de su Kindle o los que no querían un smartphone y ahora no pueden vivir sin WhatsApp.

Generalmente los usuarios comparten contenido de buena fe, sin segundas intenciones. Tiene cabida la información errónea por descuido o desconocimiento, pero ocurre menos frecuentemente de lo que crees. Además, este hecho se reduce en gran medida si uno cura los usuarios que sigue.

Como toda red social, la necesidad de aprobación ajena a veces está presente, pero por lo general no empaña el contenido y el objetivo principal de los mensajes: aportar.

Inmediatez y alcance masivo

Como canal de comunicación científica, Twitter destaca por la inmediatez y la potencial masividad. Sacas el móvil, haces una foto o escribes un texto y en menos de un minuto está publicado al alcance de cualquiera.

La visibilidad es variable en función de la utilidad y la relevancia del contenido compartido, así como de la autoridad del usuario que lo publica, pero por lo que he apreciado estos últimos años dentro de la comunidad médica de Twitter, los tuits e hilos que están elaborados y verdaderamente aportan valor suelen tener gran repercusión.

Me viene a la mente el ejemplo de los cirujanos durante la pandemia por COVID-19 ideando métodos para intervenir laparoscópicamente a pacientes positivos sin contagiarse por el escape del neumoperitoneo. Se publicaron varios tuits con vídeos explicativos que viralizaron y en un día llegaron a prácticamente todos los cirujanos presentes en Twitter. Era información relevante que se compartió en el contexto y momento adecuados y gracias a esta red social todos pudimos beneficiarnos libre y gratuitamente de ella.

Conseguir esto resulta imposible por los métodos tradicionales como las listas de correo, de las que muchos de nosotros nos desuscribimos por el spam, o las publicaciones científicas, con la pausada y a veces infranqueable barrera de los revisores.

Twitter para el aprendizaje y la divulgación de la cirugía

No todo es oro lo que reluce en esta red social, te irás dando cuenta con el tiempo, pero sus ventajas superan sus inconvenientes. Estoy convencido que todo cirujano que pretenda participar en ella verá rentabilizada su inversión de tiempo.

Utiliza Twitter como una herramienta más para tu formación. Conecta con otros compañeros de profesión y empápate de la sabiduría colectiva de la comunidad quirúrgica virtual. Convierte tu aprendizaje en algo interactivo, divertido y ubicuo.

Deja de lado tu escepticismo. La cirugía ya hace tiempo que es 2.0.