Probablemente mi primer contacto con la ecografía se remonta a mi época como estudiante de medicina. Cuando rote por Ginecología y Obstetricia me sedujo enormemente la independencia y versatilidad que proporcionaba en la práctica clínica. Recuerdo que incluso fue uno de los puntos destacados a favor de escoger dicha especialidad, la única con la que dudaba. No obstante, finalmente me decanté por Cirugía General y Digestiva, como sabéis, la mejor y más completa especialidad quirúrgica.

«Me olvido de la ecografía», pensé. Pero con el inicio de la residencia me percaté que probablemente la mía sea una de las especialidades con mayor potencial para beneficiarse de ella: vesícula biliar, hígado, mama, tiroides, pared abdominal… ¡Si es que en la gran mayoría de la patología que manejamos se utiliza la ecografía!

La nueva competencia del cirujano

Los cirujanos generales hemos perdido muchas competencias. La aparición de nuevas especialidades y la atracción de otras por el intervencionismo nos ha quitado mucho terreno. Es de agradecer, porque ni de este modo cesa el vertiginoso ritmo de nuestra rutina diaria. Pero también surgen nuevas oportunidades, como la popularización de la ecografía clínica, que pueden aumentar la eficiencia de nuestro trabajo y no debemos dejar escapar.

Utilizar el ecógrafo en la cabecera del enfermo, tantas veces como deseemos, para problemas médicos concretos donde la rentabilidad diagnóstica es alta y en los que, por lo general, no son necesarias largas curvas de aprendizaje. Mejorar nuestras aproximaciones diagnósticas, ver la evolución de las patologías y guiar nuestros actos quirúrgicos e intervencionistas (accesos vasculares, bloqueos, drenajes quirúrgicos…). Suena bien, ¿verdad?

Una ecografía reglada siempre será la referencia. Ahora bien, la evidencia ya aboga por la ecografía clínica a manos del especialista. Mi único objetivo es integrar esa herramienta tan valiosa en la práctica diaria, al igual que ya hacen nuestros compañeros de Medicina Interna, Cardiología, Cirugía Vascular o Ginecología y Obstetricia, entre otros.

Es cierto que los cirujanos de mama y tiroides hacen aproximaciones radiológicas de los nódulos que detectan en la exploración física, que los coloproctólogos se sirven de la ecografía endoanal para explorar fístulas y esfínteres o que en la cirugía hepática la ecografía intraoperatoria tiene un papel relevante para delimitar las lesiones. Pero salvo contadas excepciones, la ecografía clínica no es una disciplina que impere en la especialidad de Cirugía General y Digestiva. Y el ejemplo más evidente es que no aparece de forma sistemática en los planes de formación de los residentes de la especialidad.

Una decisión razonada

Durante el VIII Congreso de AECIMA celebrado en Valencia me sorprendió un stand que promocionaba un ecógrafo de mano para el cirujano dedicado a la patología mamaria. Ese aparatito cabía en el bolsillo de la bata y utilizaba de pantalla el smartphone. ¡Qué pasada!

Pensé que era la solución a mi principal barrera para aprender ecografía: la facilidad para disponer de un ecógrafo. Es cierto que en mi hospital hay un ecógrafo en las consultas externas, pero donde más tiempo pasamos y me resultaría de utilidad es en la planta y en las urgencias. ¿Y si me compraba yo uno? Me puse a investigar precios y marcas.

Hacer una inversión de este tipo no debía ser algo precipitado. Necesitaba descartar que fuese un capricho pasajero, por eso esperé un tiempo prudencial que finalmente fue de año y medio. La idea de que la ecografía clínica era útil para el cirujano general persistió en mi cabeza durante todo ese tiempo. Creo que incluso me volví muy pesado con ella; mis compañeros pueden dar fe de ello.

Además de esperar, quería también comprobar que realmente me gustaba la ecografía, así que con la nula actividad quirúrgica durante la pandemia, me fui a rotar voluntariamente por la sección de ecografías del servicio de Radiología de mi hospital. Puedo asegurar que fue uno de los rotatorios en los que más he disfrutado. Me sirvió para aprender las nociones básicas de la ecografía abdominal y tuve claro que comprarme un ecógrafo de mano sería una buena idea.

Butterfly iQ y Butterfly iQ+

Han sido muchas las opciones que he barajado: Lumify, Vscan Extend, Clarius Wireless… Sin embargo, el Butterfly iQ me ha parecido la más sensata en mi caso por los siguientes motivos:

  • Es relativamente barato. Por menos de 3000€ tienes un ecógrafo. Es cierto que la suscripción a la nube es cara, pero pienso que en un futuro podría prescindir de ella.
  • Una sonda para todo el cuerpo. En cirugía no solo importa la cavidad abdominal, también su pared, la mama, el tiroides, los accesos vasculares, los bloqueos… El Butterfly no utiliza cristales piezoeléctricos, sino la tecnología Ultrasound-on-Chip por lo que con una única sonda puedo estudiarlo todo. Probablemente sacrifique calidad de imagen por versatilidad.
  • Buena compatibilidad con mi iPhone 11 Pro.

He estado esperando el momento adecuado para comprarlo. Siempre suelen haber rebajas en la web. Y el momento ideal llegó hace el pasado 6 de octubre con el lanzamiento de su segunda versión, el Butterfly iQ+. Han sido varios los motivos que finalmente me han hecho decidirme a comprarlo:

  • Mejora generalizada del anterior ecógrafo por el mismo precio.
  • Ahora el cable es sustituible. Me da tranquilidad saber que si se rompe puedo cambiarlo, o si me compro un móvil Android puedo poner un cable USB tipo C.
  • Oferta de la suscripción a la nube. Con 1 año de suscripción, el total se me ha quedado de 2900 € a 2400 €. Sigo pensando que es cara, pero es una rebaja considerable y el primer año tenía claro que quería dicho servicio.

Compra y unboxing del Butterfly iQ+

El 7 de octubre compré el ecógrafo a través de su web. Casi me da un infarto porque puse mi correo electrónico mal, pero he de reconocer que su servicio de atención al cliente es excelente. Me solucionaron el problema y otras dudas que rondaban por mi cabeza en pocas horas.

Según la web oficial, el ecógrafo me llegaba el 17 de octubre. Cuando se inició el envío, a través de la empresa DHL, me apareció como día de entrega estimado el 13 de octubre. Finalmente el día 12 de octubre recibí la llamada del repartidor a las 10 de la mañana y en menos de una hora estaba con el ecógrafo en mi casa. Envío express sin incidencias.

Y vamos con el unboxing. El paquete venía con varias bolsas de amortiguación y la caja del Butterfly iQ+. Y dicha caja contenía lo siguiente:

  • Butterfly iQ+.
  • Lo necesario para cargarlo: base de carga inalámbrica, cable USB y 4 adaptadores para diferentes enchufes según el país.
  • 2 pegatinas de la marca.
  • Una hoja de información básica.

Primeras impresiones con el Butterfly iQ+

Antes de que el ecógrafo llegase a mi casa solicité el acceso a su plataforma y me enviaron en menos de una hora un enlace para crear mi cuenta. Así que cuando saqué el ecógrafo lo conecté a mi iPhone y automáticamente la sonda empezó a funcionar.

Llevo solo unas pocas horas de uso con ella, pero me ha sorprendido gratamente y creo que cumplirá a la perfección el objetivo que me he propuesto con ella: aprender ecografía clínica y POCUS e integrarla en mi práctica clínica de forma gradual. Sin pretensiones ni agobios, a mi ritmo.

Ahora estoy en la luna de miel. Seguramente con su uso le iré encontrando defectos; iré compartiendo mis aventuras con la sonda en este blog. Os puedo adelantar que la calidad de imagen no es la de un ecógrafo tradicional, pero creo que eso es una obviedad que ya todos sabíamos de antemano.

Para terminar, me gustaría compartir las primeras imágenes que he obtenido de mi propio cuerpo. Como no tenía gel para ultrasonidos en casa he utilizado el after shave aloe vera de Deliplus, pero el experimento ha funcionado. Las imágenes corresponden a páncreas, pulmón y vejiga.